El mundo está lleno de paradojas y contradicciones. Toparnos con ellas no es difícil. Aceptarlas como tales y dejar de luchar contra ellas, sí lo es. Apenas comienzo a hacerlo, pero es desde entonces que entiendo mejor la razón de mis más extraños placeres. Placeres amargos o agridulces, como irónicamente son las paradojas y contradicciones. Quizás mi ejemplo más importante de ello es el cine. El cine como el medio creador de nuestra “mirada oximorónica”[1], aquella que conscientemente compra un boleto para viajar por fantasías que sabemos están tan sólo hechas de luz y sonido; el cine como el espacio para una experiencia sensorial-reflexiva individual que resulta en una mirada colectiva, aquella mirada que negocia y resignifica nuestros límites y fronteras, que nos ofrece imágenes de aquello que creíamos lejano e inaccesible y sin embargo, nos recuerda a cada momento lo que aún permanece ausente, lo que ha quedado fuera. Es por ello que Francesco Casetti afirma que el cine es “nostalgia por algo”, nostalgia por lo que el cine nos da y que también nos quita. Nostalgia, otro de mis más paradójicos placeres, especialmente contradictoria cuando la descubro añorando por cosas que nunca he tenido; o cuando la siento por el presente que aún no he perdido pero que inevitablemente se me escurre entre los dedos en mi intento por aferrarme a él; o las nostalgias futuristas que tanto me acechan y que en gran medida le debo al cine. Este espacio estará destinado al cine. El cine que nunca agota experiencias, porque así como abre puertas hacia mundos desconocidos, abre nuevas puertas hacia mundos ya conocidos. Él mismo nos ofrece sacudidas cuando nos quedamos estancados en visiones que, paradójicamente, quizás aprendimos del cine mismo. Escribir sobre cine no debe ser decir qué ver, qué sentir, o cómo juzgar; no debe ser fabricar expectativas, ni enseñar a etiquetar experiencias. Por tanto, escribir sobre cine aquí será un intento por compartir preguntas, herramientas y conexiones que se nos develan cuando tomamos el cine como punto de partida. Ejercitemos el arte de trazar caminos a base de conexiones y preguntas, sabiendo que obtener una respuesta o llegar a una conclusión es quizás lo que menos importa.